Paseemos cogidos de la mano por las calles abandonadas de alguna ciudad. Durmamos en alguna habitación solos tú y yo. Entremos en alguna casa abandonada y juguemos a ser sus dueños. Abrázame, y te contestaré susurrándote un ' te quiero'. Mírame, y dibujaré una sonrisa para que la veas. Cógeme la mano y guíame a cualquier lugar mientras yo camino con los ojos cerrados. Después cambiaremos la dirección y te guiaré yo a ti. Parémonos en cada esquina a besarnos. Caminemos sin rumbo fijo, perdámonos siempre y cuando vayamos los dos juntos. Juguemos a que somos los dueños del mundo solo nosotros, seamos los únicos habitantes de un mundo cualquiera inventado por nosotros. Un mundo imperfecto, pero nuestro. Desvistámonos lentamente, muy despacio, para abrazarnos y sentir solamente tu piel sobre la mía, sin impedimentos solo nosotros. Bésame, quiero sentir el dulzor de tus labios. Abrázame, solo deseo sentir tu suave piel acariciando lentamente la mía. Dime que me amas y seré la personas más feliz del mundo. Juguemos a ser pequeños, niños que aún no han crecido, y de repente sin más crecen y se vuelven maduros de nuevo.
Amémonos, te prometo amarte como si en el mundo no existiera nadie más que tú, a cambio solo te pido que me ames la mitad que yo a ti,con eso es suficiente.
Simplemente, (7)
lunes, 20 de febrero de 2012
lunes, 22 de agosto de 2011
.
Supongo que todo el mundo ha sentido alguna vez ese peso de no saber qué hacer. Esa impotencia que no te deja más que llorar cada noche ocultándote bajo la almohada y tras la oscuridad de una habitación vacía. Cómo no, todo el mundo ha fingido estar bien, mil veces, millones, aunque todo fuera mal. Todos hemos mentido, ya fuera para bien o para mal, para fastidiar a otras personas, o a nosotros mismo ya sin darnos cuenta o ya a caso hecho. Siempre hemos ocultado unas cuantas lágrimas, con tal de no preocupar a las personas, excusándonos con cualquier tontería recién sacada de la cabeza si alguna de esas lágrimas decide escaparse. Al fin y al cabo, existen esas mentiras piadosas, esas que se supone son para no hacer daño a nadie, pero... nadie se puede engañar a sí mismo, su cabeza puede repetir mil veces una cosa, pero su corazón sabe la verdad, la sabe, sea cual sea, aunque te haga realmente muchísimo daño. Y es eso lo que no te deja elegir, esa lucha continua entre cabeza y corazón. Es esa lucha la que lleva las sonrisas ante el mundo entero y las lágrimas ante tu almohada.
miércoles, 20 de julio de 2011
impotencia.
Y de repente algo me oprime el pecho, me deja el aire suficiente para respirar y a ratos ni eso, inunda mi mente, me hace llorar, distribuye lágrimas por toda mi cara, algo me aprieta el estómago y produce un fuerte dolor en él, angustia. Los pensamientos vienen a mi mente, no me dejan moverme, no me dejan hacer nada. Llegan hasta mi boca unas cuantas lágrimas dejándome así su sabor. Ya no sé qué es real y qué no. Me aprieta más fuerte aún en el estómago, menos aire. Música y más música. Lágrimas y más lágrimas. Mentiras y más mentiras. Algo que no me permite mover ni un solo centímetro mi cuerpo, que no me deja pensar, que no me deja saber. Llamémosle…. impotencia.
lunes, 27 de junio de 2011
Siempre tuya, siempre mío.
Sentir que nuestro pulso aumenta y disminuye al mismo tiempo, coordinando hasta la más mínima pulsación. Danzar al compás de tus caderas junto a las mías. Cogerte de la mano, sentirte muy cerca de mí, sentir que siempre estarás a mi lado. Sentirte mío y solo mío, siempre mío. Reír, jugar, acercarte a mí cada vez un poco más. Besos acompañantes, caricias, cargados de pasión y de amor.Besos en los labios, y besos en los que tus labios pasean lentamente por mi cuerpo hasta llegar de nuevo a rozarme los labios, suaves, muy suaves; o en los que los míos son los que pasean, haciendo cosquillas lentamente a tu suave cuerpo, llegando a tus labios o separándome de ellos lentamente y aguantando la mirada a esos ojos tuyos marrones que no se separan de mí en ningún instante.
Coger aire, y soltarlo todo de golpe. Movimiento de tus caderas, y de las mías. Varios susurros de un "te quiero" que flotan en el aire que a veces respiramos y a veces dejamos correr libre por la habitación. Cuatro paredes que hoy son nuestras, junto al mundo entero que parecemos recorrer mientras volamos libres, con alas que se refuerzan con cada beso que nos damos. Un grito que cada vez se hace más fuerte, siempre en el silencio: -"Te amo, te amo, te amo." Sentirme tuya, siempre tuya, y tú mío, siempre mío.
" Todo, todo, todo, todo, yo quiero contigo todo".
- Te amo, y es algo que espero hacer siempre. Quiero sentirme siempre mío, que estés siempre a mi lado. Demasiadas fechas que no quiero olvidar. (7)
sábado, 7 de mayo de 2011
Nueve de noviembre.
Suena la música, suave, lenta; haciendo de la habitación un lugar tranquilo donde descansar de nuestros propios pensamientos; y nos dejamos llevar por ella. Y me abrazas, tumbados en la suave colcha de la cama. Y nos besamos lentamente, dejando que se rocen suaves nuestros labios, reposándolos el uno en el otro. Unos minutos más, continuamos sumergidos en aquél beso. Cambia la canción. El amor resuena con ella en cada uno de los diminutos puntos de las paredes de la habitación. Un beso, y otro, y otro más, hasta quedarnos sin aliento, y separarnos tan solo para respirar, o para buscar el oído del otro y susurrar en él un leve te quiero, en voz muy bajita, para que solo lo escuchemos nosotros, para no romper con la magia. Pasan las horas en el reloj. 5, 6, 7,8… Para nosotros, tan solo han pasado unos cuantos minutos. Nos miramos a los ojos, y así durante un rato, sonreímos. Comienzas a acariciarme, jugamos, nos hacemos cosquillas. Tu mano se pasea por mi cintura, para arriba, y abajo, hacia las piernas, hacia la cadera. Sonrío al sentirla pasearse despacio. Me miras, te cojo la mano y te acerco hacia mi cara. Música, y más música resuena. Siguen pasando las horas, seguimos besándonos, una, dos, tres y cuatro veces, no queremos separarnos. Para la música, y hay silencio por toda la casa hasta que de resuena tu voz diciendo un “te quiero” .

- Y estas flores son las únicas testigos del amor que derrochamos entre las paredes de aquella habitación. -

- Y estas flores son las únicas testigos del amor que derrochamos entre las paredes de aquella habitación. -
viernes, 25 de febrero de 2011
Los pétalos van cayendo uno a uno, secos y ennegrecidos ya por el paso del tiempo. Se van despegando suavemente de la flor para caer lentamente a la mesa, separándose así del viejo jarrón descuidado, que solo guarda ya unas gotas de agua.
En otra habitación, por su cara resbalan lágrimas, humedeciéndole el rostro. Lágrimas que se pasean desde sus ojos, llegando algunas hasta la comisura de sus labios, y otras hasta la barbilla con la desafortunada suerte de acto seguido abalanzarse sobre la sábana de una cama, dejando así un pequeño punto, marca de que se ha mojado.
De nuevo en el salón, cada vez más pétalos desisten a la caída. La hoja que hasta hace un momento colgaba dulcemente de su tallo ya se ha caído, encontrándose ahora dentro del pequeño jarrón, mojada por las pocas gotas que quedan en su interior. Los pinchos están ya tan secos que se clavan fríamente en los dedos de cualquier mano que intente cogerla. Por la ventana entreabierta entra un suave viento que la mece despacio, de lado a lado.
En la habitación, ella acaba de levantarse, dejando entrever un papel que lleva en la mano, donde está escrito un nombre, su nombre. Camina de modo lento, pausado. Abre la puerta de la habitación, se asegura de que mientras ella estaba en su interior no haya entrado nadie en la casa, no quiere que nadie vea como caen sus lágrimas. Mira de nuevo el papel. Se dirige hacia el salón, se queda parada ante la puerta, mirando la mesa, o, mejor dicho, el jarrón que hay sobre ella. La flor seca, casi muerta, algunos pétalos caídos y más cayendo en ese mismo momento. Se acerca a ella, y hace ademán de cogerla, pero en lugar de ello, mira sus manos, todavía con el papel sujeto. Le da la vuelta a éste, y boca abajo lo deja sobre la mesa, al lado de la flor. Un único pensamiento recorre su mente: - Todo acaba, los cuentos tienen su final, y al igual que esta flor, el amor ha muerto con ella-.
sábado, 19 de febrero de 2011
martes, 1 de febrero de 2011
Tantos sitios para ocultar tantos recuerdos.
Y es, cuando me vienen a la mente tantos recuerdos, cuando me incorporo con lentitud a los pies de esa cama. Me levanto lentamente, voy al centro de la habitación. Empiezo a mover la vista deteniéndome en cada objeto que veo a mi alrededor. Una estantería de madera llena de libros viejos que un día me hicieron soñar con inocencia e imaginar ser la protagonista de su contenido. Un armario, que de repente se me antoja abrir, y en el que encuentro una caja repleta de textos impresos en folios que ya han perdido su color blanco para convertirlo en un suave amarillo; imágenes de personas que se han ido quedando atrás en mi vida con el paso del tiempo; y objetos que todavía me hacen recordar los días pasados, cargados tanto de buenos como de malos momentos. Rotas carpetas de colegio con papeles que me hacen imaginar en si pudiera volver a esos momentos. Cartas de viejos “amores” ocultos tras el simpático nombre de amigos. Libretas, llena de tontos dibujos de corazones con distintos nombres, utilizadas en forma de diario con miles de pensamientos y creencias de sentimientos escritos en sus hojas, ocultas en el rincón más lejano de las lecturas ajenas. En uno de los cajones que conforman el armario marrón claro, queda oculto, guardado por mucho tiempo un CD con canciones antiguas y nuevas, grabadas, que me hacen recordar algunos de los momentos pasados, o soñados. En una esquina de la habitación, colgado de la pared, un viejo calendario con algunas fechas y una marca cerca de ellas que señalan días que llegaron y días de algo que esperé y nunca ocurrió; fechas, que un día, mientras todo aquello ocurría, consideré importantes, y sin embargo ahora no son más que momentos pasados, buenos o malos, pero que no volverán más que en forma de recuerdos. Justo en el centro de la habitación, sigo girando la vista en todas direcciones, y no veo más que recuerdos, miles de recuerdos, que se esconden tras meros objetos. Vuelvo a la cama, y entonces pienso en todos los recuerdos que son capaces de ocultarse entre cuatro paredes que conforman esta habitación.
-Tantos sitios, para tantos recuerdos que están deseando salir en el momento menos idóneo-.
lunes, 10 de enero de 2011
Marrón especial.
Clava sus ojos en los míos. Chocan el color de ambos creando un contraste imaginario entre su marrón casi negro y el mío un poco más claro. Alzo la mirada deshaciendo este instante, me encuentro con su pelo corto y negro, su piel clara. Bajo de nuevo la vista, inconfundibles, veo otra vez sus ojos, especiales, ahora se dirigen hacia otro lado; sigo bajando, como siempre, vaqueros oscuros, bambas, y una de las chaquetas de color negro que siempre usa; subo de nuevo, marrón, igual pero diferente, me mira, pero se aparta rápido, yo no puedo hacerlo. Sigue ahí parado, cada segundo mirando a un lugar diferente, como desconcertado, me pregunto qué pensará. Sonrío mientras le miro, disfruto pensando que tal vez un día me quiera, queriéndole yo, imagino conversaciones. Oigo mi nombre a mi espalda, me doy la vuelta, desaparece de mi campo de visión, pero no de mi mente. Hablo un rato con la persona que me ha llamado, metida en mi propio mundo y sin saber exactamente qué es lo que ella me dice, se va, y me giro de nuevo buscando esos ojos. Ya no está ahí de pie. -¿Dónde habrá ido?-. En lugar de él, en ese mismo sitio se encuentra un grupo de chicos hablando y riendo, entre ellos, le reconozco. Ahora me mira, tal vez pueda ver la ilusión reflejada en mis ojos, o ese sentimiento que sólo él crea reflejado en la sonrisa tonta que inconscientemente han dibujado mis labios. Ahí sigue él, mirándome, inconfundible, con esos rasgos que le hacen diferente. Quisiera ir con él, y besarle, amarle como no he amado, como le amo a él pero con aún más intensidad, con poder para hacerlo. Sonrío de nuevo al pensar en sus labios, le miro una última vez, doy la vuelta y camino en dirección contraria, me parece escuchar su voz a lo lejos diciéndole algo al grupo de amigos que se encuentra allí de pie, pero no logro entender lo que dice. - Hasta otro momento- Pienso. - Te amo más de lo que nunca he amado-.
martes, 28 de diciembre de 2010
Querido,
lo siento, no debería marcharme así, mientras la luna hace de guardiana de la noche. No debería. Debería esperar a que empezara el día y decirte a la cara un 'adiós' que marque el final de todo esto; sin embargo, desaparezco sin más en las oscuras calles de una desolada ciudad en busca de compañía. No busques la culpa en ojos ajenos, nadie la tiene. Te has estado equivocando todo el tiempo, no es tu enemigo, ni un gran amigo, no es nadie, no hay nadie más. No me marcho por nadie, no me marcho buscando otros labios ni menos habiéndolos encontrado ya. Me marcho simplemente porque no aguanto más esta farsa, todos estos años lo han sido; sí, lo siento. Te quise, sí, te he querido demasiado pero ahora ya no aguanto más. Todo empezó siendo una gran farsa y es como ahora termina, siéndolo. Durante esos tramos te he querido mucho, pero se acabó. Mi destino me espera, y este no es a tu lado. Debo afrontar que no puedo seguir contigo, mi mente me lo ordena a pesar de que mi corazón no quiera hacerle caso a esta. Lo siento, debo decirte adiós, o, por lo menos, dejártelo escrito en un papel. No me busques, no me encontrarás, pues ni yo misma sé donde iré.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Un viejo cuento, una canción llena de melancolía.
La luna me indica que todo comienza de nuevo. Una estrella marca la salida de un sentimiento guardado en una esquina de mi corazón. La oscuridad que me envuelve hace de cuenta cuentos; mientras el poco viento que sopla a mi alrededor me canta una melancólica canción de cuna. Todo empieza de nuevo, este círculo que cada noche empieza para abandonarme cuando un pequeño rayo de sol brilla. Un sentimiento, que ya no es nuevo, me aborda ahora otra vez. El brillo de la luna lo ha desenterrado una vez más, y hace que las lágrimas inunden mi cara mientras la oscuridad sigue con su cuento. El típico cuento de final feliz, cada noche es igual; tarareo para mí misma la canción que ya me sé de memoria, la canción de todos los días. La melancolía de la canción me aborda, me llena de lágrimas. Esta noche la luna ha desenterrado con ella unos cuantos recuerdos que yacían en la esquina más oculta de un parcheado corazón. Ha descosido el hilo que mañana volverá a aparecer como por arte de magia para coserlo todo de nuevo. Descanso tumbada en la cama, dejando que las lágrimas me acompañen al ritmo de la canción, al compás de cada una de las sílabas del viejo cuento. Al fin, un rayo de sol marca de nuevo el final. El día decide que ya han caído demasiadas lágrimas. Y así, me deja descansar hasta la nueva noche, que desentierre más sentimientos con ella, hasta escuchar de nuevo el mismo cuento, hasta que una vieja canción intente de nuevo hacerme dormir sin conseguirlo.
viernes, 10 de diciembre de 2010
Recuerdos.
A veces todavía le abordan los recuerdos. Cierra los ojos y se deja llevar por ellos, dejando derramar alguna lágrima que se funde con una sonrisa que no consigue evitar cuando piensa en cada uno de los buenos momentos. Mientras le inunda la oscuridad, los sentimientos juegan con ella haciéndose dueños de sus expresiones. Coge un trozo de papel, que atrae a más recuerdos, no sabe por qué lo hace, qué le lleva a hacerlo, sabe que eso no le ayudará a nada, pero lo lee, lo mira, lo cierra y lo abre de nuevo, hasta aprenderse de memoria lo que pone en él. Las lágrimas se hacen las dueñas de su rostro. Vuelve a cerrar los ojos. Las imágenes abordan su mente como un barco pirata que sólo quiere hacerse con ella; ve de nuevo las imágenes, como recién vividas, a pesar de que haga tanto tiempo. Le echa de menos. No sabe porque pero lo hace, le echa de menos después de tanto. Creía haber aprendido, pero se da cuenta que no es así, echa de menos los abrazos que un día le dio. Aquellas palabras y sobrenombres que un día utilizaron para llamarse. Aquellos momentos que como los mejores amigos pasaron. Aquellos días junto a él en los que no hacía más que reír. Sabe por qué ya no es así, lo sabe de sobra, no se arrepiente, pero echa de menos como era antes. Sólo quiere retroceder el tiempo y volver a aquellos abrazos, mientras que con los ojos cerrados sus lágrimas llegan hasta el suelo precedidos de una sonrisa que se borra cada segundo que pasa y se vuelve a dibujar.
martes, 7 de diciembre de 2010
Un viejo reloj de arena
Acabo de darle la vuelta a un viejo reloj de arena que tenía guardado en un cajón. Marca los segundos que quedan antes de que termine todo. Los granos de arena caen poco a poco, uno a uno. No sé exactamente cuánto tiempo significa lo que queda ni los que han caído ya. Siguen precipitándose con una lenta y rara precisión. Un casi silencioso susurro que producen los granos de arena al chocar contra el fino y débil cristal del recipiente que los contiene llena la habitación. Me pregunto qué hace que caigan, porque no se detienen ¿por qué no se para el curso del tiempo?¿por qué? Es lo único que deseo saber, sólo, es todo lo que necesito antes de que la parte superior de un viejo reloj de arena quede vacía y una furiosa muerte se abalance sobre mí, obligándome así, a despedirme de todo aquello que me rodea, a decir adiós a aquellos dos chicos a los que siempre amó mi corazón. No lo soporto, cojo el viejo reloj de arena y lo lanzo hacía la pared con todas mis fuerzas, pero, ya es tarde, el último grano de arena ya ha caído, ya ha caído mi último segundo de vida en el temible abismo que es el olvido. Cierro los ojos. Mi vida acaba de finalizar.
http://distanciaysilencio.blogspot.com/lunes, 6 de diciembre de 2010
Adiós.
Una pequeña habitación se ciñe a ser nuestro 'territorio' , y el frío se ha hecho dueño de ella. La temperatura baja cada segundo que pasa, y nuestros cuerpos se congelan con cada grado que disminuye. Al mismo compás que baja la temperatura, el grado de locura que acompaña nuestras mentes aumenta. Abrazados sentados en la esquina más alejada de la puerta nos encontramos nosotros dos. Mis ojos te demuestran el miedo sin que haga falta ni una sola palabra. Los tuyos reflejan la compasión al ver mi gran temor. La puerta comienza a abrirse con un breve susurro tras ella. No hay nadie. El viento se escucha tras la ventana. Quizás fue él quien abrió aquella puerta. De repente dejan de rodearme tus brazos, me giro y te veo levantado, tras de mí. Acerco mi mano a la tuya pidiendo ayuda para ponerme a tu lado, pero tú la rechazas dando un paso atrás y juntándote a esa gran pared blanca. Miro a todos lados buscando alguna causa a tu repentino temor. No veo nada. Vuelvo a mirar en tu dirección pero ya no te encuentro donde antes. Has pasado a estar delante mía, y miras atrás diciéndome adiós con una simple mirada. Me pongo de pie buscando un punto de apoyo en la pared. Y noto el frío del suelo. Te veo andando cada vez más rápido hacia la salida. Te pido que no te vayas, que no me dejes sola, sin embargo pareces no escucharme y andas cada vez con más velocidad. Ahora estás casi al lado de la puerta, y mientras te acercas hacia el pomo giras la cabeza para buscarme. No me he movido de aquella esquina. Doy unos pasos lentos. Empiezas a correr habiendo salido ya de la habitación. Acompasas tus pasos con el frío del suelo. Me abandonas en aquella habitación. De lejos se escucha un adiós casi en un susurro. Para mí misma digo un fino 'te quiero' como si lo fueras a escuchar, seguido de un adiós que nunca quise pronunciar. El frío sigue aumentando, más rápido que antes. Ya no tengo tu calor y eso produce aún más frío acompañado de lágrimas que mojan mi rostro dándome escalofríos. Se hiela la habitación, me tumbo en el suelo. Me quedo esperando que todo acabe. Tú te has ido, llevándote las únicas fuerzas que me quedaban. Vuelvo a repetir en un susurro un 'adiós', y cierro los ojos, dejando que se me hielen los huesos al mismo tiempo que las blancas paredes.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Volemos juntos
Cógeme la mano, y no me sueltes, ayúdame a volar contigo, llévame a cualquier lugar desconocido. Llévame a volar, enséñame tus alas, toquemos juntos las estrellas. Quiero hacerle una visita a la luna que adorna el cielo. Quiero aprender a volar, pero, sólo si tú me enseñas, quiero que me lleves lejos, donde no haya nadie más, a un lugar que sea sólo de los dos. Nadie va a saber nada de este lugar, será un lugar que conozcamos sólo tú y yo, un lugar mágico donde lo que queramos sea lo que suceda, donde nada nos impida el ser feliz, donde cuando me abraces el tiempo se pare, y solamente se reanude cuando nosotros queramos. Mientras volemos no pasará el tiempo, mientras tú me cojas la mano, no voy a temer nada, nada me hará caer mientras tú vueles a mi lado. Enséñame a volar, vayamos al más solitario lugar. Quedémonos allí para siempre, donde nadie pueda molestarnos jamás.
A él será al único al que ame de verdad.
Se encuentran en la mitad de un pasillo sin fin, ella le mira, y sus miradas se encuentran por un momento que parece eterno. Sabe que no debe mirarle pero le da igual, no quiere hacer lo que le indique su cabeza, si no lo que su corazón quiere que haga. Ve su chaqueta, la misma de siempre, color blanco con adornos negros, su pantalón vaquero roto por los extremos y sus bambas color negro y azul que pisan un trozo del roto pantalón. Todo esto le recuerda a otros momentos, momentos imaginados que nunca han llegado a suceder, pero que ella a soñado mil veces, y que ahora, no debería recordar. Hace mucho que todo esto empezó, ella lo sabe, un día sin más empezó a sentir algo, no recuerda bien cómo, simplemente, un día decidió optar por amarle. Lo recuerda todo tan detalladamente, cada gesto, cada mirada, cada ocasión de decirle que le amaba. Hace demasiado que todo esto empezó, sin embargo, ella sigue amándole como entonces. Al fin descruzan sus miradas, y es entonces cuando ella entiende,que aunque no deba, no amará a otro de esa misma manera, no habrá otro igual, se limitará a amarle a él y jugar a querer a otros, queriendo a alguno y simplemente intentando olvidar con la compañía de otros muchos, sin embargo, no amará a otro de la misma forma.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Nuestra antigua playa.
Estoy sentada en la blanca arena de la playa, mirando algún punto fijo perdido en el infinito del mar. En la playa de ayer. Todo ha cambiado aquí, nada es igual que ayer. Las fuertes olas golpean ferozmente contra las rocas, el agua, más fría de lo normal humedece la arena y hace que sienta frío por todo el cuerpo. Ya no hay castillos de arena a mi al rededor. El sol no me hace compañía, se esconde tras unas grandes y grises nubes que no dejan escapar un solo rayo tímido. Los pájaros tampoco cantan, ni si quiera ellos quieren acompañar hoy a mi cuerpo, ahora tumbado, ni a mi solitaria mente que vaga sin rumbo fijo por cualquier lugar en busca de un poco de felicidad. Tú ya no estás. Cuando te fuiste supe que sentiría toda esta soledad, rompiste tus promesas, abandonaste mi mundo dejándolo totalmente en ruinas y no me ayudaste a reconstruirlo. Ya no estás cuando necesito llorar, tampoco me hiciste reír una sola vez más. Pero eso, ahora ya da igual, esta playa ahora está desierta, la que un día fue nuestra playa, ahora ya no tiene dueño. Ha comenzado a llover, las nubes lloran a mi compás. El viento sopla cada vez más fuerte, desatando su furia con la indefensa arena que no hace más que volar y chocar contra mi cuerpo. El agua ha dejado de mojarme los pies para mojarme prácticamente entera y salpicar fuertemente todo mi cuerpo. Debería levantarme, pero algo me lo impide, no tengo fuerza suficiente. Seguiré aquí tumbada hasta que, el agua sepulte mi cuerpo bajo esta desierta playa.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Perderé mil batallas.
Intento evitar el pasado, ciñéndome a vivir en el presente, anclándolo al suelo. A causa de ello, he entablado demasiadas batallas contra ‘él’, que no son ni la mitad de las que todavía me quedan por luchar. Venceré algunas de estas batallas, dejando atrás los recuerdos que caigan con ella. Sin embargo, perderé muchas más de las que ganaré, haciendo que miles de recuerdos embarquen hacia mí, haciendo que una pequeña locura se abalance sobre mi débil cuerpo cada vez un poco más, derrotándome con cientos de palabras e imágenes que se hacen con el control absoluto de mi mente, cada vez con más agilidad y rapidez. Miles de sueños desvanecidos, convertidos en viento, que vuelve a mi mente, rodeándome de un pequeño mar de lágrimas en el cual no sé nadar. Perderé mil batallas, y no saldré ilesa de ellas. Me rodearán mil recuerdos. Sin embargo, puede que, ganando solamente una entre todas ellas, pueda considerar haber ganado la guerra. Perderé mil batallas, me rodearé de mil recuerdos, me sentiré vencida solamente al no conseguir esa única batalla. Perderé mil veces y sin embargo, no me rendiré hasta conseguir vencer.
lunes, 8 de noviembre de 2010
Él, de pelo negro y ojos claros.
Pelo negro y ojos claros. Peculiar forma de andar, y extraño acento al hablar. Que hace que mi mundo se mantenga en pie simplemente al respirar, al existir, como el de muchas más. Príncipe soñado de cualquiera que ansie enamorarse de un extraño. Pasado de cientos de niñas enamoradas que le han visto desaparecer, sin más, entre sus brazos; presente de muchas otras que dicen amarle; y futuro de miles más que se enamorarán, sin quererlo, de él, ese niño, este adolescente, ese adulto, que tras cada uno de sus pasos abandonará, como ya ha abandonado, cien corazones, dejándolos tirados en el suelo, en trozos, repartidos cada uno en un lugar. Él, sabio conocedor del mundo,a causa de tantos y tantos viajes realizados ya. Ansiados por damas de todos los lugares en que es conocido. Que coleccionará un pedacito de mi corazón junto a todos los demás, olvidándose de a quien perteneció antes de a él. Mezclando nombres, fechas y lugares de los miles de paraderos donde ha detenido su viaje. Él, insaciable jugador, que no se cansa de amar y ser amado. Desconocedor de la sensación del dolor, pero, causante de este demasiadas veces. Ajeno a tantos sentimientos, caminando alrededor del mundo, portador, en su mochila de miles de corazones ya sin dueño.Él, capaz de enamorar a cualquiera con el simple hecho de mirarle, de existir. Capaz de animar el momento más muerto con el color de sus ojos. Capaz de hacer reír por la simpleza más tonta que puedas imaginar, por el mero hecho de que él, sonríe junto a ti.Él. Pelo negro y ojos claros. Amor de muchas niñas que han aprendido a crecer por él. Extraño niño de pelo negro y ojos claros.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Podría...
pasarme minutos abrazada a ti. Podría tirarme horas entre tus brazos, bajo las pocas estrellas de este cielo. Podría responderte, al igual que tú, con miles de palabras de amor, con miles de 'te quiero', uno, cada segundo que estés a mi lado. Podría besar tus labios cada vez que note estos cerca mía; y escuchar el latido de tu nervioso corazón cuando me juntas a tu pecho. Quizás, podría compartir miles de sonrisas contigo, si mi mente me dejara. Sin embargo, en lugar de todo esto, lo que hago es apartarme, abrazarte pero para no dejarte ver mis lágrimas mientras las seco, responderte con un 'te quiero' seguido de un ' lo siento' , besarte, y acto seguido apartarme y mirarte a los ojos con una mirada lastimosa. ¿Un motivo? Quizás, el miedo; quizás, la duda... quizás, miles de cosas se me amontonan en mi mente, ahora, nada me deja pensar. Pero, hay algo que tengo claro. Lo siento.
Y mientras, mis ojos ocultan las lágrimas que quieren escapar, y mi pulso retumba mil veces seguidas en mi mente, no dejo de pensar, en esas dos palabras. Te quiero.
Y mientras, mis ojos ocultan las lágrimas que quieren escapar, y mi pulso retumba mil veces seguidas en mi mente, no dejo de pensar, en esas dos palabras. Te quiero.
-No dudes, que aunque ni si quiera yo misma me aclare, te quiero.-
'Me encanta tu forma de hacerme sonreír, incluso, en el momento más tenso entre los dos, y, de hacer de nuestro trato el más real. Gracias.'
'Me encanta tu forma de hacerme sonreír, incluso, en el momento más tenso entre los dos, y, de hacer de nuestro trato el más real. Gracias.'
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