lunes, 13 de diciembre de 2010

Un viejo cuento, una canción llena de melancolía.

La luna me indica que todo comienza de nuevo. Una estrella marca la salida de un sentimiento guardado en una esquina de mi corazón. La oscuridad que me envuelve hace de cuenta cuentos; mientras el poco viento que sopla a mi alrededor me canta una melancólica canción de cuna. Todo empieza de nuevo, este círculo que cada noche empieza para abandonarme cuando un pequeño rayo de sol brilla. Un sentimiento, que ya no es nuevo, me aborda ahora otra vez. El brillo de la luna lo ha desenterrado una vez más, y hace que las lágrimas inunden mi cara mientras la oscuridad sigue con su cuento. El típico cuento de final feliz, cada noche es igual; tarareo para mí misma la canción que ya me sé de memoria, la canción de todos los días. La melancolía de la canción me aborda, me llena de lágrimas. Esta noche la luna ha desenterrado con ella unos cuantos recuerdos que yacían en la esquina más oculta de un parcheado corazón. Ha descosido el hilo que mañana volverá a aparecer como por arte de magia para coserlo todo de nuevo. Descanso tumbada en la cama, dejando que las lágrimas me acompañen al ritmo de la canción, al compás de cada una de las sílabas del viejo cuento. Al fin, un rayo de sol marca de nuevo el final. El día decide que ya han caído demasiadas lágrimas. Y así, me deja descansar hasta la nueva noche, que desentierre más sentimientos con ella, hasta escuchar de nuevo el mismo cuento, hasta que una vieja canción intente de nuevo hacerme dormir sin conseguirlo.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Recuerdos.

A veces todavía le abordan los recuerdos. Cierra los ojos y se deja llevar por ellos, dejando derramar alguna lágrima que se funde con una sonrisa que no consigue evitar cuando piensa en cada uno de los buenos momentos. Mientras le inunda la oscuridad, los sentimientos juegan con ella haciéndose dueños de sus expresiones. Coge un trozo de papel, que atrae a más recuerdos, no sabe por qué lo hace, qué le lleva a hacerlo, sabe que eso no le ayudará a nada, pero lo lee, lo mira, lo cierra y lo abre de nuevo,  hasta aprenderse de memoria lo que pone en él. Las lágrimas se hacen las dueñas de su rostro. Vuelve a cerrar los ojos. Las imágenes abordan su mente como un barco pirata que sólo quiere hacerse con ella; ve de nuevo las imágenes, como recién vividas, a pesar de que haga tanto tiempo. Le echa de menos. No sabe porque pero lo hace, le echa de menos después de tanto. Creía haber aprendido, pero se da cuenta que no es así, echa de menos los abrazos que un día le dio. Aquellas palabras y sobrenombres que un día utilizaron para llamarse. Aquellos momentos que como los mejores amigos pasaron. Aquellos días junto a él en los que no hacía más que reír. Sabe por qué ya no es así, lo  sabe de sobra, no se arrepiente, pero echa de menos como era antes. Sólo quiere retroceder el tiempo y volver a aquellos abrazos, mientras que con los ojos cerrados sus lágrimas llegan hasta el suelo precedidos de una sonrisa que se borra cada segundo que pasa y se vuelve a dibujar. 





martes, 7 de diciembre de 2010

Un viejo reloj de arena


Acabo de darle la vuelta a un viejo reloj de arena que tenía guardado en un cajón. Marca los segundos que quedan antes de que termine todo. Los granos de arena caen poco a poco, uno a uno. No sé exactamente cuánto tiempo significa lo que queda ni los que han caído ya. Siguen precipitándose con una lenta y rara precisión. Un casi silencioso susurro que producen los granos de arena al chocar contra el fino y débil cristal del recipiente que los contiene llena la habitación. Me pregunto qué hace que caigan, porque no se detienen ¿por qué no se para el curso del tiempo?¿por qué? Es lo único que deseo saber, sólo, es todo lo que necesito antes de que la parte superior de un viejo reloj de arena quede vacía y una furiosa muerte se abalance sobre mí, obligándome así, a despedirme de todo aquello que me rodea, a decir adiós a aquellos dos chicos a los que siempre amó mi corazón. No lo soporto, cojo el viejo reloj de arena y lo lanzo hacía la pared con todas mis fuerzas, pero, ya es tarde, el último grano de arena ya ha caído, ya ha caído mi último segundo de vida en el temible abismo que es el olvido. Cierro los ojos. Mi vida acaba de finalizar.
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