lunes, 6 de diciembre de 2010
Adiós.
Una pequeña habitación se ciñe a ser nuestro 'territorio' , y el frío se ha hecho dueño de ella. La temperatura baja cada segundo que pasa, y nuestros cuerpos se congelan con cada grado que disminuye. Al mismo compás que baja la temperatura, el grado de locura que acompaña nuestras mentes aumenta. Abrazados sentados en la esquina más alejada de la puerta nos encontramos nosotros dos. Mis ojos te demuestran el miedo sin que haga falta ni una sola palabra. Los tuyos reflejan la compasión al ver mi gran temor. La puerta comienza a abrirse con un breve susurro tras ella. No hay nadie. El viento se escucha tras la ventana. Quizás fue él quien abrió aquella puerta. De repente dejan de rodearme tus brazos, me giro y te veo levantado, tras de mí. Acerco mi mano a la tuya pidiendo ayuda para ponerme a tu lado, pero tú la rechazas dando un paso atrás y juntándote a esa gran pared blanca. Miro a todos lados buscando alguna causa a tu repentino temor. No veo nada. Vuelvo a mirar en tu dirección pero ya no te encuentro donde antes. Has pasado a estar delante mía, y miras atrás diciéndome adiós con una simple mirada. Me pongo de pie buscando un punto de apoyo en la pared. Y noto el frío del suelo. Te veo andando cada vez más rápido hacia la salida. Te pido que no te vayas, que no me dejes sola, sin embargo pareces no escucharme y andas cada vez con más velocidad. Ahora estás casi al lado de la puerta, y mientras te acercas hacia el pomo giras la cabeza para buscarme. No me he movido de aquella esquina. Doy unos pasos lentos. Empiezas a correr habiendo salido ya de la habitación. Acompasas tus pasos con el frío del suelo. Me abandonas en aquella habitación. De lejos se escucha un adiós casi en un susurro. Para mí misma digo un fino 'te quiero' como si lo fueras a escuchar, seguido de un adiós que nunca quise pronunciar. El frío sigue aumentando, más rápido que antes. Ya no tengo tu calor y eso produce aún más frío acompañado de lágrimas que mojan mi rostro dándome escalofríos. Se hiela la habitación, me tumbo en el suelo. Me quedo esperando que todo acabe. Tú te has ido, llevándote las únicas fuerzas que me quedaban. Vuelvo a repetir en un susurro un 'adiós', y cierro los ojos, dejando que se me hielen los huesos al mismo tiempo que las blancas paredes.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Volemos juntos
Cógeme la mano, y no me sueltes, ayúdame a volar contigo, llévame a cualquier lugar desconocido. Llévame a volar, enséñame tus alas, toquemos juntos las estrellas. Quiero hacerle una visita a la luna que adorna el cielo. Quiero aprender a volar, pero, sólo si tú me enseñas, quiero que me lleves lejos, donde no haya nadie más, a un lugar que sea sólo de los dos. Nadie va a saber nada de este lugar, será un lugar que conozcamos sólo tú y yo, un lugar mágico donde lo que queramos sea lo que suceda, donde nada nos impida el ser feliz, donde cuando me abraces el tiempo se pare, y solamente se reanude cuando nosotros queramos. Mientras volemos no pasará el tiempo, mientras tú me cojas la mano, no voy a temer nada, nada me hará caer mientras tú vueles a mi lado. Enséñame a volar, vayamos al más solitario lugar. Quedémonos allí para siempre, donde nadie pueda molestarnos jamás.
A él será al único al que ame de verdad.
Se encuentran en la mitad de un pasillo sin fin, ella le mira, y sus miradas se encuentran por un momento que parece eterno. Sabe que no debe mirarle pero le da igual, no quiere hacer lo que le indique su cabeza, si no lo que su corazón quiere que haga. Ve su chaqueta, la misma de siempre, color blanco con adornos negros, su pantalón vaquero roto por los extremos y sus bambas color negro y azul que pisan un trozo del roto pantalón. Todo esto le recuerda a otros momentos, momentos imaginados que nunca han llegado a suceder, pero que ella a soñado mil veces, y que ahora, no debería recordar. Hace mucho que todo esto empezó, ella lo sabe, un día sin más empezó a sentir algo, no recuerda bien cómo, simplemente, un día decidió optar por amarle. Lo recuerda todo tan detalladamente, cada gesto, cada mirada, cada ocasión de decirle que le amaba. Hace demasiado que todo esto empezó, sin embargo, ella sigue amándole como entonces. Al fin descruzan sus miradas, y es entonces cuando ella entiende,que aunque no deba, no amará a otro de esa misma manera, no habrá otro igual, se limitará a amarle a él y jugar a querer a otros, queriendo a alguno y simplemente intentando olvidar con la compañía de otros muchos, sin embargo, no amará a otro de la misma forma.
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