miércoles, 1 de diciembre de 2010

A él será al único al que ame de verdad.

Se encuentran en la mitad de un pasillo sin fin, ella le mira, y sus miradas se encuentran por un momento que parece eterno. Sabe que no debe mirarle pero le da igual, no quiere hacer lo que le indique su cabeza, si no lo que su corazón quiere que haga. Ve su chaqueta, la misma de siempre, color blanco con adornos negros, su pantalón vaquero roto por los extremos y sus bambas color negro y azul que pisan un trozo del roto pantalón. Todo esto le recuerda a otros momentos, momentos imaginados que nunca han llegado a suceder, pero que ella a soñado mil veces, y que ahora, no debería recordar. Hace mucho que todo esto empezó, ella lo sabe, un día sin más empezó a sentir algo, no recuerda bien cómo, simplemente, un día decidió optar por amarle. Lo recuerda todo tan detalladamente, cada gesto, cada mirada, cada ocasión de decirle que le amaba. Hace demasiado que todo esto empezó, sin embargo, ella sigue amándole como entonces. Al fin descruzan sus miradas, y es entonces cuando ella entiende,que aunque no deba, no amará a otro de esa misma manera, no habrá otro igual, se limitará a amarle a él y jugar a querer a otros, queriendo a alguno y simplemente intentando olvidar con la compañía de otros muchos, sin embargo, no amará a otro de la misma forma.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Nuestra antigua playa.





Estoy sentada en la blanca arena de la playa, mirando algún punto fijo perdido en el infinito del mar. En la playa de ayer. Todo ha cambiado aquí, nada es igual que ayer. Las fuertes olas golpean ferozmente contra las rocas, el agua, más fría de lo normal humedece la arena y hace que sienta frío por todo el cuerpo. Ya no hay castillos de arena a mi al rededor.  El sol no me hace compañía, se esconde tras unas grandes y grises nubes que no dejan escapar un solo rayo tímido. Los pájaros tampoco cantan, ni si quiera ellos quieren acompañar hoy a mi cuerpo, ahora tumbado, ni a mi solitaria mente que vaga sin rumbo fijo por cualquier lugar en busca de un poco de felicidad. Tú ya no estás. Cuando te fuiste supe que sentiría toda esta soledad, rompiste tus promesas, abandonaste mi mundo dejándolo totalmente en ruinas y no me ayudaste a reconstruirlo. Ya no estás cuando necesito llorar, tampoco me hiciste reír una sola vez más. Pero eso, ahora ya da igual, esta playa ahora está desierta, la que un día fue nuestra playa, ahora ya no tiene dueño. Ha comenzado a llover, las nubes lloran a  mi compás. El viento sopla cada vez más fuerte, desatando su furia con la indefensa arena que no hace más que volar y chocar contra mi cuerpo. El agua ha dejado de mojarme los pies para mojarme prácticamente entera y salpicar fuertemente todo mi cuerpo. Debería levantarme, pero algo me lo impide, no tengo fuerza suficiente. Seguiré aquí tumbada hasta que, el agua sepulte mi cuerpo bajo esta desierta playa.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Perderé mil batallas.

Intento evitar el pasado, ciñéndome a vivir en el presente, anclándolo al suelo. A causa de ello, he entablado demasiadas batallas contra ‘él’, que no son ni la mitad de las que todavía me quedan por luchar. Venceré algunas de estas batallas, dejando atrás los recuerdos que caigan con ella. Sin embargo, perderé muchas más de las que ganaré, haciendo que miles de recuerdos embarquen hacia mí, haciendo que una pequeña locura se abalance sobre mi débil cuerpo cada vez un poco más, derrotándome con cientos de palabras e imágenes que se hacen con el control absoluto de mi mente, cada vez con más agilidad y rapidez. Miles de sueños desvanecidos, convertidos en viento, que vuelve a mi mente, rodeándome de un pequeño mar de lágrimas en el cual no sé nadar. Perderé mil batallas, y no saldré ilesa de ellas. Me rodearán mil recuerdos. Sin embargo, puede que, ganando solamente una entre todas ellas, pueda considerar haber ganado la guerra. Perderé mil batallas, me rodearé de mil recuerdos, me sentiré vencida solamente al no conseguir esa única batalla. Perderé mil veces y sin embargo, no me rendiré hasta conseguir vencer.